
Una sola familia.
Jose Alberto Alvarez Bravo.
Acaba de concluir el controvertido Concierto por la Paz y,
conforme a mi valoración, los resultados han rebasado mis expectativas.
Mi primera grata sorpresa llegó en la voz de Olga Tañón, con
su claro y definido saludo de nuestros hermanos del exilio de Miami. Tanto
quienes allá se opusieron al evento, como quienes lo secundaron, otra cosa
no son que parte integrante de la nación cubana.
Miguel Bosé, quien ya había puesto su voz al lado de nuestro
Gorki Águila, fue el próximo mensajero de paz, con ese tipo de mensaje que
no suena grato a los oídos totalitarios.
El de Juanes probó el irremediable desgaste de la mentalidad
represiva de la dinastía gerontocrática. En el sitio más emblemático del
decadente régimen castrista, su voz proclamó sin ambages que “es tiempo de
cambiar la mente de odio, es tiempo de cambiar el odio por amor”.
Mi más grande sorpresa –increíble- llegó en la voz del
propio Silvio Rodríguez, quien me hizo acompañarlo en su emocionante Ojalá,
canción que lleva a los tiempos en que era mi ídolo. Por simple traslación
asociativa, evoqué Hay un grupo que dice, y la inefable Canción de la
Columna Juvenil del Centenario, que con simpar valentía honra al presidio
político plantado. Reviví la época en que Silvio era para mí grande y
glorioso.
Otro que contribuyó a la grandeza del evento fue Carlos
Varela, al dedicar su actuación “a todos los cubanos, estén donde estén”.
Con su aislada y roñosa frase confrontacionista, Juan Formel
confirmó que la ideología que él representa ya está oliendo a cadáver. El
mensaje de cambio es el menos grato para la anquilosada y enmohecida máquina
del poder en Cuba.
Como para darnos la razón a quienes apoyamos sin temor el
concierto, Juanes concluyó el espectáculo con el recordatorio de que somos
“una sola familia”.
No veo en que forma esta actividad podía conferirle
legitimidad a un régimen que, desde hace mucho, no pasa de ser una decrépita
entelequia. Los hechos –el mejor juez- lo corroboraron, y me atrevo a
afirmar que el acto se materializó no gracias a la dictadura, sino a pesar
de ella.
Tal vez el efecto más importante esté dado en que obligó al
régimen a mover las piezas de su estático tablero. Según el colega Roberto
de Jesús Guerra, suman varias decenas los disidentes detenidos, citados a
las unidades policiales, retenidos en sus casas, quedando evidenciado el
miedo cerval que los mandamases criollos sienten hasta por un hecho cultural
de difícil control.
Al margen del componente político que envuelve todo lo
cubano, nuestro pueblo tiene derecho a que, de vez en cuando, le suceda algo
bueno, y este concierto lo fue. No logro conciliar su impugnación ni con lo
ético, ni con lo patriótico.
En un orden muy personal, agradezco a los organizadores,
participantes, y todos cuanto hicieron posible este canto a la esperanza,
devenido en lanza en el costado del odio, de la intolerancia, de esa “gran
pena del mundo” que es “la esclavitud de los hombres”.
Lo otro mejor, es el amanecer de libertad y democracia que,
como vaticinara nuestro inmenso Willy, “ya viene llegando”.
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