
La historia y la invalidez del argumento ideológico.(Primera
parte).
Por: Prof.
José A. Arias.
Miami,
Febrero 8, 2011.
Para quien
sabe lo que significa una contribución al entendimiento colectivo ceñido al
valor de la información desde el punto de vista educativo, siempre es
perentorio abordar el análisis. A veces representa un reto válido a pesar de
que la dimensión de los temas amenace con alterar la paciencia del lector. A
ese momento no quedan alternativas cuando el hecho histórico, las citas
bibliográficas o de contenido colateral se imponen, a pesar de que traten
de ser evitadas en aras de la brevedad.
El tema
sugerido: entender cuáles son y por qué, las ideas rescatables en cuanto a
lo político, desarrolladas durante el siglo XX y su conexión con las
coyunturas vigentes tras concluir la primera década del presente siglo;
parece demasiado ambicioso dentro de los límites de un artículo. De esa
suerte, quizás, el intento desemboque en el propósito de un mini-ensayo en
el que las citas y las referencias más amplias puedan aparecer en una
posterior versión. Desde mi punto de vista resulta ineludible, que en el
tratamiento del tema propuesto, trate de explicar la invalidez del argumento
ideológico de funestas consecuencias.
Vale la pena
intentarlo para probar la vigencia de la esencialmente antagónica dualidad
“éxito-fracaso” que acaparó un buen número de años durante la pasada
centuria y que algunos pretenden validar –sin dejar de lado las experiencias
negativas- en la actualidad. La mejor manera de explicar esa hipótesis es
definirla desde el comienzo: todo lo intentado a la sombra de la
predominancia y la fuerza –casi hermenéutica- del argumento ideológico, se
convirtió en consecuencia en un corolario del fracaso. Otro argumento sería
entonces y a resultado de lo anterior, la invalidez de las ideologías como
óbice en el éxito y los avances del conocimiento contemporáneo y su relación
con los seres humanos más allá de la política, la ciencia pura, la
filosofía, la tecnología y más bien en lo sociológico y psicológico.
Pongamos por caso el de la literatura y sus resultados como expresión del
argumento social.
“En
las temporalidades, territorios y posiciones de muchos de los escritores del
presente ya no se enfrentarían clases sociales ni partidos nacionales porque
sus sujetos serían entidades-identidades, externas-internas, diaspóricas, en
relación con esas divisiones y esas esferas.”(1)
Más adelante
se agrega:
“En
ese sentido podría decirse (…) que muchas de las escrituras del presente son
ambivalentes en cuanto a las posiciones políticas e ideológicas (…) porque
no reconocen las divisiones ideológicas que generan estas esferas (…). Por
eso serían paradojales o pudieran leerse de varias maneras. Estas escrituras
mostrarían la pluralidad de políticas que aparecen cuando se borran las
esferas políticas convencionales y las ideologías que conllevan.” (2)
El diapasón
que abarca nuestra proposición es hexavalente, pero puede ser abordado a
diferentes niveles –si por ello entendemos y nos circunscribimos a la esfera
de las ciencias sociales, a las que otros denominan humanísticas. Aquí
habremos de acudir, en primera instancia, al aspecto que puede considerarse
histórico. Revisando los argumentos no es secreto para nadie que el eje
central del siglo XX está conformado por el exitoso engranaje de una
trilogía compuesta por la ciencia, la libertad económica manifiesta en el
libre mercado y el avance de las comunicaciones que toma cuerpo en el
descubrimiento y desarrollo de Internet y los avances de la era espacial que
en gran medida lo han permitido. (3)
Pero si
confrontamos el aspecto histórico; la imbricación anterior ha tenido el
mismo escenario geográfico, socio-cultural y político idóneo; a saber, la
civilización euroccidental que habiendo tenido que superar numerosos
escollos representa el éxito frente al fracaso del estatismo y la falta de
movilidad incapaz de situar en posiciones de vanguardia amplios sectores de
la humanidad. Habría que reconocer que aún en occidente los reductos que
acusan una mayor influencia de la negatividad ideológica han quedado atrás y
de espaldas al futuro. No importa cuán intenso pueda ser el esfuerzo
demagógico por justificar lo injustificable, esos afanes siempre han de ser
interpretados en el retablo de una escenografía ideologizada y de común
inválida.
De lo anterior
da cuenta la historia de Hispanoamérica –uso éste término con la más
absoluta intención-que ha evidenciado una marcada influencia, además
multisecular, de factores como la ortodoxia religiosa (católica, aunque en
menor cuantía también de otros orígenes) en contubernio con la distribución
hereditaria de la propiedad territorial por medio de la herencia y que dio
lugar a la existencia de grandes latifundios a imagen y semejanza de la
metrópoli española hasta la independencia ocurrida en la segunda década del
siglo XIX.
“Con
semejantes vagidos el parto democrático en Hispanoamérica, habrá de
efectuarse en condiciones de alto riesgo para los millones de habitantes en
los diferentes países del continente. Una herencia común, nada envidiable
desde el punto de vista histórico, debía hacer aún más difícil el
alumbramiento. El factor hereditario de la vinculación a España, ex
metrópoli de la mayoría de las repúblicas latinoamericanas y durante una
buena parte del siglo XX gobernada por un caudillo de mano férrea,
constituyó un elemento muy a tono con lo que la “madre patria” (aparece
entre comillas en el original) habría dejado como herencia política a sus ex
colonias del siglo XIX: la distribución de la propiedad territorial –cuasi
feudal- en lo económico, y el más acendrado caudillismo en lo político”.(4)
De vuelta al
tema de la influencia de los tres aspectos antes citados resulta alarmante
la idea de que, fuera del mundo occidental no hubo ningún aporte notable e
imperecedero al desarrollo de la humanidad durante el siglo XX. Muy a la
saga quedaron los descubrimientos matemáticos y cosmogónicos de árabes y
chinos al socaire del oscurantismo medieval en la Europa de Carlomagno; en
consecuencia la cruda realidad del argumento anterior, se hace ostensible.
Casi de una manera precipitada se habla de choque de civilizaciones (sic) y
de culturas y es evidente que la razón no está del lado de la frustración y
el oscurantismo representado por los elementos reaccionarios y conservadores
dentro del Islam, por ejemplo, que promueven una guerra santa –Yihad- a la
que ven como una contra cruzada postmoderna para enfrentarse a occidente.
Habiéndose puesto término a la dominación multisecular de la península
ibérica con la Reconquista, el oriente árabe se estancó en medio de la
ortodoxia religiosa e ideológica que ha congelado sus posibilidades en el
marco de una querella local cuyas alternativas de solución deberían comenzar
por el reconocimiento –algo casi imposible- de sus propias e irrefutables
limitaciones.
Tomado de >>> http://collagecubano.blogspot.com/
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