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La Casa de Ávalo.
Por:José Alberto Álvarez
Bravo.
En el emblemático barrio Cayo Hueso, perteneciente al
municipio Centro Habana, se ubica la Casa de Ávalo, sitio de encuentro y
trabajo de centenares de disidentes de toda Cuba. En este apartamento no hay
un solo visitante, asiduo o neófito, que no encuentre una sonrisa y un
apretón de manos al traspasar su humilde umbral. En el reverso de la puerta
un graffiti anuncia: Aquí no se pregunta lo que traes en el bolsillo,
sino en la mente. José Ramón Ávalo Pérez, nacido en 1938 en Santa Cruz
del Sur, provincia de Camaguey, es el propietario de esta singular morada.
Su posicionamiento anticastrista comienza en el ya
lejano 1961, cuando ingresa, junto al hoy difunto Ariel Ríos, en el
movimiento conocido por La Rosa Blanca, liderado por Rafael Díaz-Balart.
Pero no es hasta 1983 que la Casa de Ávalo comienza a tomar significación
como sanctasantórum de los luchadores contra la traición de los hermanos
Castro.
Junto a su inolvidable Martica, considerada por muchos
como una Madre Nutricia de la embrionaria sociedad civil cubana, el viejo
Avalo ha dado a todos su inmutable carácter bonachón, su techo, su cordial
abrazo y la mitad de su mendrugo.
Infinidad de presiones de la policía política se han
estrellado contra la firme determinación de Pepe Avalo de recibir en la Casa
a cuanto opositor al castrismo toque la puerta del apartamento 11, 2do.
Piso, en el edificio marcado con el # 509, de la calle Virtudes, e/ Lealtad
y Perseverancia. Tampoco le ha faltado coraje para prestar su concurso
entusiasta al funcionamiento en la Casa de Ávalo del Centro de Información
HablemosPress, dirigida por el joven y valeroso periodista independiente
Roberto Jesús Guerra Pérez.
Muy pocos lugares La Habana pueden compararse a la Casa
de Ávalo, por su constancia en la entrega, su incondicionalidad sin
dobleces, su perpetua disposición a la solidaridad sin resquicios, al apoyo
sin ambages ni cortapisas. Algo sustancial le faltaría a la comunidad
disidente cubana sin este hogar de todos, visitado por hermanos provenientes
de todos los puntos de la geografía isleña, desde la Punta de Maisí hasta el
Cabo San Antonio.
Desde su inasible refugio celestial, la inigualable
Martica sonríe gozosa al ver su casa convertida en perenne hervidero de
hombres y mujeres amantes de la libertad de Cuba, santa causa a la que
entregó, junto a su fiel Pepe, las mejores energías y lo mas tierno de su
corazón bueno.
Algún día, en la Cuba renacida de sus cenizas, una
tarja señalará:
Casa de
Ávalo
En esta casa, bajo el férreo yugo castrista, se
forjaron los cimientos de la democracia en Cuba.
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